¿BAILAS?

bailas

No noté el tiempo en que escondía el amor entre los dóciles pliegues de la indiferencia, viviendo cobijado entre el indulgente pasar de amantes y los oportunos viajes de aparentes negocios. Ella, sin embargo, lo practicaba todos los días con mi desidiosa persona, muy a pesar de la encarnizada apatía que me dominaba en la vida de pareja. La noche de ayer, ella sorprendió mi abandono de relación con algo extraordinario: al abrir la desolada puerta encontré su recibimiento vestido con ropa vaporosa, olor a fragancia de violeta y una voz sensual que me decía si bailaba baladas de nuestra juventud. Sus sedosos brazos me asían por el tieso cuello y su boca de melaza acompañó a mi sorprendido cuerpo al medio de una pista de baile repleta de deseo. Sus dedos pululantes desprendieron mi corbata ruborizada mientras los botones de mi camisa se liberaban de agobiantes ojales. El cinturón  ansioso se desprendió  de un pantalón protuberante que cayó por mis ondulantes piernas. Bailamos calmosos los recuerdos a la vez que nos desprendíamos de los restos de un naufragio desigual. Nuestras diferencias se friccionaron entre nuestros casi olvidados sexos. Los labios cegados nos succionaron palmo a palmo los espacios abandonados. Sin darme cuenta, entre el son de la balada de nuestro primer encuentro, penetré hechizado en su pasadizo del amor. La noche fue incomparablemente  larga y nuestro desaliñado sueño nos pilló abrazados en la cama.

A la mañana siguiente, el profundo vacío de la mitad de los asombrados armarios dejó una huella imborrable.

Os invito, si no lo conocéis, a visitar mi blog de relatos Diario de Incontinencia.

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16 pensamientos en “¿BAILAS?

  1. No sé si ya había leído material tuyo en este blog, pero me pareció intenso, muy apasionado. Me alegra ver que te manejas bien en diferentes registros, no cualquiera puede hacerlo.
    Un fuerte abrazo.
    HD

  2. Después de tamaña noche de pasión, vaya palo encontrarse con la otra mitad el armario desnudo…
    Tu prosa nada que ver con el realismo sucio.
    Qué bien lo has bailado.
    Un saludo

  3. Igual que el pintor firma su lienzo cuando lo termina, ella firmó el final de una etapa.
    Inolvidable para él.
    La verdad que me gustó.

  4. Maestría para describir una noche envidiable, aunque al final, como dices, le haya idiotizado de por vida. Pero a veces una noche bien vale ese precio.
    Me alegra mucho volver a leerte.
    Saludos.

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