ESPÍAS

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No me lo vais a creer, pero me espían. No se les ve, ni se les oye, ni siquiera se les huele, aunque sé que están ahí. Los envía un país peligroso llamado Envidia. Acostumbra a comportarse de una forma implacable con sus enemigos, hundiendo sus sueños, sus ilusiones, sus deseos, su vida. A cada paso que doy siento a los espías como llenan de minas el camino. A cada suspiro que echo oigo a los espías llenar mis esperanzas de gas mostaza. A cada mirada que suscito veo a los espías llevar a mis posibles seguidores a un potro de torturas. Me quieren hacer la vida imposible; lograr que los demás me marginen a base de chantajes; hacer propaganda para que todos penséis que soy un enemigo de mis más amados anhelos… Pero no me rendiré. Seguiré para adelante. Seguro de que algún día me fusilarán y harán que mis poemas se transformen en un reguero de tinta que los ahogue. Al fin de cuentas, soy de un país llamado Venganza.

 

 

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LÁGRIMAS DE AFECTO

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Muerde las lágrimas

derramadas

por las garras salvajes

   del cansino pasar

        del tiempo.

Muérdelas sin miedo

                sin aflicción

                sin malestar

porque surgieron absortas

de los ojos de la angustia

para ser condena de deseo

de afilados dientes.

Muérdelas               

        y esconde el corazón

        en el sádico

                        afecto.

 

 

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VENDER EL ALMA AL SILENCIO

miedo

 

He de confesarlo, aunque me cueste que no me miréis a la cara ni un momento, hace ya algún tiempo que vendí mi alma al silencio. Sí, lo sé, no puede haber un acto más cobarde pero, qué os voy a decir, el miedo es el miedo. Miedo a sentirse abandonado por el viento que surca las pirámides de los antiguos selenitas en el Alto del Poder. Miedo a ser vigilado por las águilas de cola cambiante que circulan por la ruta del Hondo Imperio. Miedo a salpicar con mi nervioso sudor las copas que sacian la sed en las bolsas donde se cotiza el ninguneo. Miedo a ser menospreciado por las hadas del infierno. Miedo, sí, miedo. No me digáis que no lo habéis sentido en vuestras carnes aunque sólo fuera en sueños. Miedo, sencillo y duro miedo. Ese que me recuerda aquella frase del que esté libre de pecado que tire la primera piedra. De ese miedo que tanto tememos. Os lo cuento porque lo vuelvo a sentir. El temblor corre por toda mi razón y los ojos comienzan a cerrarse para no ver cómo me acoquinan. Me ha vuelto el miedo. Ese auténtico resorte de pavores que me dice que les obedezca sin paliativos. Ese miedo con el que juegan con grandes dividendos. Sólo que esta vez no quieren mi alma, al fin y al cabo está más que vendida, sino que ahora desean mi pensamiento.

 

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HAS…

Has avistado en alguna ocasión una ola acercarse a dormir a una playa, cansada tras su periplo por la mar, y despertar siendo una enorme laguna.

Has observado por casualidad a un árbol ahondar sus raíces en la profunda tierra hasta llegar al mismísimo magma y, con el calor robado, transformarse con el tiempo en un afamado volcán.

Has divisado las arenas de un desierto, quizás sólo en sueños, que se mueven dulcemente con el viento hasta alcanzar un punto; y, tras tan cansina tarea, se sienten engullidas por un misterioso agujero del tiempo que las conduce poco a poco a la edad de los romanos, notándose allí dentro de un colosal reloj.

Pues yo sí que he mirado al horizonte extraviarse en un eclipse de sol, recuperar su visión rodeado de niebla y no ser capaz de reencontrarse sin mi ayuda, siempre tan sagaz, inundando toda mi vida de amor.

 

La Niebla

MIS RAREZAS

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Mis rarezas se precipitan desde una nube oscura, una nube que apenas deja ver la tierra desde el cielo, una nube que hace pensar a los humanos que el cielo no existe, una nube sola en sí misma, con la inquietud de un agua que no apaga el incendio de la vida, con la rancia creencia que la perfección existe en lo grande, en lo poderoso, en lo adornado por la palabra fe, en lo que gana guerras… Mis rarezas prefieren no precipitarse estruendosamente y esperar a las nubes blancas por las que se entrevé un cielo azul.

 

 

 

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SER

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A tu vera

barrunto ser

el silencio de una sirena

anclada en tierra por amor,

la calma del mutismo

envuelto en la infamia,

la soledad del payaso

añorante del ingenio.

 .

Ser

silencio,

calma

y soledad

esperando la vida,

tu vida,

tu afecto.

 .

A tu vera

barrunto ser

el susurro del paladín

implorando adustas quimeras,

la caricia de una flor

en el frígido invierno,

la ensoñación del amante

en mitad del páramo inerme.

 .

Ser

susurro,

caricia

y ensoñación

esperando el amor,

tu amor,

tu aprecio.

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Te quiero invitar a visitar mi blog de narrativa Diario de Incontinencia, donde podrás adentrarte en Villapalofrío, un lugar que no podrás dejar de leer. Entra y sírvete.

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