VENDER EL ALMA AL SILENCIO

miedo

 

He de confesarlo, aunque me cueste que no me miréis a la cara ni un momento, hace ya algún tiempo que vendí mi alma al silencio. Sí, lo sé, no puede haber un acto más cobarde pero, qué os voy a decir, el miedo es el miedo. Miedo a sentirse abandonado por el viento que surca las pirámides de los antiguos selenitas en el Alto del Poder. Miedo a ser vigilado por las águilas de cola cambiante que circulan por la ruta del Hondo Imperio. Miedo a salpicar con mi nervioso sudor las copas que sacian la sed en las bolsas donde se cotiza el ninguneo. Miedo a ser menospreciado por las hadas del infierno. Miedo, sí, miedo. No me digáis que no lo habéis sentido en vuestras carnes aunque sólo fuera en sueños. Miedo, sencillo y duro miedo. Ese que me recuerda aquella frase del que esté libre de pecado que tire la primera piedra. De ese miedo que tanto tememos. Os lo cuento porque lo vuelvo a sentir. El temblor corre por toda mi razón y los ojos comienzan a cerrarse para no ver cómo me acoquinan. Me ha vuelto el miedo. Ese auténtico resorte de pavores que me dice que les obedezca sin paliativos. Ese miedo con el que juegan con grandes dividendos. Sólo que esta vez no quieren mi alma, al fin y al cabo está más que vendida, sino que ahora desean mi pensamiento.

 

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HAS…

Has avistado en alguna ocasión una ola acercarse a dormir a una playa, cansada tras su periplo por la mar, y despertar siendo una enorme laguna.

Has observado por casualidad a un árbol ahondar sus raíces en la profunda tierra hasta llegar al mismísimo magma y, con el calor robado, transformarse con el tiempo en un afamado volcán.

Has divisado las arenas de un desierto, quizás sólo en sueños, que se mueven dulcemente con el viento hasta alcanzar un punto; y, tras tan cansina tarea, se sienten engullidas por un misterioso agujero del tiempo que las conduce poco a poco a la edad de los romanos, notándose allí dentro de un colosal reloj.

Pues yo sí que he mirado al horizonte extraviarse en un eclipse de sol, recuperar su visión rodeado de niebla y no ser capaz de reencontrarse sin mi ayuda, siempre tan sagaz, inundando toda mi vida de amor.

 

La Niebla

MIS RAREZAS

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Mis rarezas se precipitan desde una nube oscura, una nube que apenas deja ver la tierra desde el cielo, una nube que hace pensar a los humanos que el cielo no existe, una nube sola en sí misma, con la inquietud de un agua que no apaga el incendio de la vida, con la rancia creencia que la perfección existe en lo grande, en lo poderoso, en lo adornado por la palabra fe, en lo que gana guerras… Mis rarezas prefieren no precipitarse estruendosamente y esperar a las nubes blancas por las que se entrevé un cielo azul.

 

 

 

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AGUA DE LAGARTIJAS

75 thPOWDH3RNLa familia del señor siempre le tuvo cierta inquina. Nunca perdonaron su actitud díscola para con sus padres. El punto álgido de la gresca ocurrió cuando se negó a casarse con la mujer que le habían designado. Nadie se había atrevido a desplante tal a la familia Girón de Meneses, una de las dos grandes familias de Villapalofrío desde tiempos inmemorables. Vio como lo apartaron de su lado, desterrándolo a la soledad más mezquina e insultándole con el insidioso trabajo de capataz. Sin embargo, su ánimo no se dejó doblegar por menudencias de calibre tan mundano...

Seguid leyendo este relato en Diario de Incontinencia, os va a encantar. Es una pequeña historia de amor, pero no a las personas sino a la tierra.

 

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CON SU BLANCA PALIDEZ

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Entre el sueño y el despertar, existe un momento en la línea fina del amanecer en que penetra el reloj y nos hace sucumbir ante el nuevo día. Hay toda clase de sofisticaciones que nos permiten llevar mejor o peor ese momento doliente, esa súplica silenciosa de unos minutos más por caridad. Hace tiempo, en mi juventud, circuló por mi cuarto un reloj-radio a quien le agradaba despertarme con música de Radio 3, dejando olvidados los relojes chillones.

Aquella mañana sonó mí, de aquella, canción, la balada hippy que nos despertó, a toda una generación, del dictador. Eran los Procol Harum que hacían sonar Con Su Blanca Palidez mientras mi cabeza buscaba entre mis neuronas las más audaces para levantarse. La verdad, no hizo falta rebuscar mucho, un salto raudo casi me llevó a la ducha y de allí a la calle. Mi paseo por el muelle local se llenó de tarareos desafinados que salían de mi voz. Los barcos pesqueros, a ritmo de estanque de cisnes, entraban en los pantalanes a dejar su pesca de sueños nocturnos. Mi sonrisa se cruzaba con otros viandantes que apenas devolvían bostezos de trabajo matutino. En aquel momento, casi sin darme cuenta, sobrepasé a una rubia con cadencia hacia un lado que me retornó la sonrisa. Su piel era de balada pálida, blanca como las gaviotas que hacían resonar sus voces chirriantes entre nosotros. No conocí  mujer más cautivadora que ella, rítmica cojera de alma libre, sin complejos, sin resquemores, solo llena de un gesto franco de jovialidad. Fue un instante, unos segundos que dejaron dormidos mis sentidos, solo había prontas miradas para ella. La esperé al final del dique, con ánimo de hablar, pero nunca llegó. Ni aquel día, ni ayer, ni hoy, y estoy seguro que mañana o pasado, nunca volveré a ver su blanca palidez, su sonrisa eterna, su pierna llevando el ritmo de una canción de libertad,… y eso que ahora también podría cojear con ella.

 

 

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EL POBRE MOHICANO

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La hora tangible de azules desvaríos

despierta afligida con su yugo de exterminio,

mientras águilas torvas lanzan flechas de ponzoña

y exhalan alaridos hacia los infiernos vivos.

Orfanatos de hambruna tiran mendrugos

a enanos que arañan letras desoladas,

entretanto lisiados salen de factorías

clamando  justicia a sordos mapas mudos.

Ellos, los mercados, robustecen impávidos

en el azufre hediendo que emana en sangre,

sin conciencia, sin piedad, sin vergüenza…

Doliente vida la del pobre mohicano.

 

Este es un pequeño reconocimiento al expresionismo, del que he cogido su forma de decir y he dejado a un lado algunas de sus estructuras formales. Con él empiezo una serie de poemas ajustados a distintas tendencias, pero con la licencia de actualizar su forma externa. Gracias a ellas la poesía es lo que ahora admiramos y leemos. Éste es un viaje deseado que hace tiempo soñé y hoy realizo.

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