CON SU BLANCA PALIDEZ

cojear

 

Entre el sueño y el despertar, existe un momento en la línea fina del amanecer en que penetra el reloj y nos hace sucumbir ante el nuevo día. Hay toda clase de sofisticaciones que nos permiten llevar mejor o peor ese momento doliente, esa súplica silenciosa de unos minutos más por caridad. Hace tiempo, en mi juventud, circuló por mi cuarto un reloj-radio a quien le agradaba despertarme con música de Radio 3, dejando olvidados los relojes chillones.

Aquella mañana sonó mí, de aquella, canción, la balada hippy que nos despertó, a toda una generación, del dictador. Eran los Procol Harum que hacían sonar Con Su Blanca Palidez mientras mi cabeza buscaba entre mis neuronas las más audaces para levantarse. La verdad, no hizo falta rebuscar mucho, un salto raudo casi me llevó a la ducha y de allí a la calle. Mi paseo por el muelle local se llenó de tarareos desafinados que salían de mi voz. Los barcos pesqueros, a ritmo de estanque de cisnes, entraban en los pantalanes a dejar su pesca de sueños nocturnos. Mi sonrisa se cruzaba con otros viandantes que apenas devolvían bostezos de trabajo matutino. En aquel momento, casi sin darme cuenta, sobrepasé a una rubia con cadencia hacia un lado que me retornó la sonrisa. Su piel era de balada pálida, blanca como las gaviotas que hacían resonar sus voces chirriantes entre nosotros. No conocí  mujer más cautivadora que ella, rítmica cojera de alma libre, sin complejos, sin resquemores, solo llena de un gesto franco de jovialidad. Fue un instante, unos segundos que dejaron dormidos mis sentidos, solo había prontas miradas para ella. La esperé al final del dique, con ánimo de hablar, pero nunca llegó. Ni aquel día, ni ayer, ni hoy, y estoy seguro que mañana o pasado, nunca volveré a ver su blanca palidez, su sonrisa eterna, su pierna llevando el ritmo de una canción de libertad,… y eso que ahora también podría cojear con ella.

 

 

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EL POBRE MOHICANO

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La hora tangible de azules desvaríos

despierta afligida con su yugo de exterminio,

mientras águilas torvas lanzan flechas de ponzoña

y exhalan alaridos hacia los infiernos vivos.

Orfanatos de hambruna tiran mendrugos

a enanos que arañan letras desoladas,

entretanto lisiados salen de factorías

clamando  justicia a sordos mapas mudos.

Ellos, los mercados, robustecen impávidos

en el azufre hediendo que emana en sangre,

sin conciencia, sin piedad, sin vergüenza…

Doliente vida la del pobre mohicano.

 

Este es un pequeño reconocimiento al expresionismo, del que he cogido su forma de decir y he dejado a un lado algunas de sus estructuras formales. Con él empiezo una serie de poemas ajustados a distintas tendencias, pero con la licencia de actualizar su forma externa. Gracias a ellas la poesía es lo que ahora admiramos y leemos. Éste es un viaje deseado que hace tiempo soñé y hoy realizo.

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SIN VIDA

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Tus labios abocan mi silencio, mi suave obediencia a tu destino hurgando en mi cuerpo. Nadie me socorre, acallas mis jadeos con tu inmunda posesión, nada que hacer, tus fluidos penetran en mi alma, tu olor permanece hasta en la distancia. La vergüenza del mártir recorre mi esencia, mis lágrimas, mi pasado revivido cada vez que paso al lado de tu cuarto. Pienso que algún día me libre de esta angustia tan mal llevada. Si solo tuviera el valor de ir a la cocina, abrir el cajón, sacar el cuchillo y alejarme de ti para siempre. Algún día lo haré. Me iré. Porque no soy capaz de matarte.

Loca de Amor será un relato que nunca olvidarás. Léelo en mi otro blog Diario de Incontinencia.

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DESERCIÓN

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Exhalo el silencio

………………….en la pulcra soledad de dualidad,

donde el manzano

olvida su flor

y orada el suelo

en busca de la raíz de exculpación.

 

Exhalo el silencio

………………….en la turbación de la indolencia,

donde el volcán

esconde su lava

y sueña que un día

será mar con olas de inocencia.

 

Exhalo el silencio

………………….en el camino del desaliño,

donde las miradas

son ciegas

y los cuerpos

criptas de melancolía perpetua.

 

Las tertulias del Etcétera te va a hacer pasar un gran momento, léela en mi otro blog Diario de Independencia.

 

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OCASO

ocaso

Su vida reposa tenue

en los campos del recuerdo,

donde toma sopas de ajo

con los hijos del invierno.

Sus raíces se hunden dóciles,

ora en el lánguido compás

de los ecos del silencio,

ora en la memoria vaporosa

del olvido impertérrito.

Ya marca el reloj

su cansado desvelo,

su desvencijado letargo,

su furtivo anhelo.

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No te olvides de leer el relato de esta semana de mi otro blog Diario de Incontinencia, esta quincena es de escacharrarse.

 

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¿BAILAS?

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No noté el tiempo en que escondía el amor entre los dóciles pliegues de la indiferencia, viviendo cobijado entre el indulgente pasar de amantes y los oportunos viajes de aparentes negocios. Ella, sin embargo, lo practicaba todos los días con mi desidiosa persona, muy a pesar de la encarnizada apatía que me dominaba en la vida de pareja. La noche de ayer, ella sorprendió mi abandono de relación con algo extraordinario: al abrir la desolada puerta encontré su recibimiento vestido con ropa vaporosa, olor a fragancia de violeta y una voz sensual que me decía si bailaba baladas de nuestra juventud. Sus sedosos brazos me asían por el tieso cuello y su boca de melaza acompañó a mi sorprendido cuerpo al medio de una pista de baile repleta de deseo. Sus dedos pululantes desprendieron mi corbata ruborizada mientras los botones de mi camisa se liberaban de agobiantes ojales. El cinturón  ansioso se desprendió  de un pantalón protuberante que cayó por mis ondulantes piernas. Bailamos calmosos los recuerdos a la vez que nos desprendíamos de los restos de un naufragio desigual. Nuestras diferencias se friccionaron entre nuestros casi olvidados sexos. Los labios cegados nos succionaron palmo a palmo los espacios abandonados. Sin darme cuenta, entre el son de la balada de nuestro primer encuentro, penetré hechizado en su pasadizo del amor. La noche fue incomparablemente  larga y nuestro desaliñado sueño nos pilló abrazados en la cama.

A la mañana siguiente, el profundo vacío de la mitad de los asombrados armarios dejó una huella imborrable.

Os invito, si no lo conocéis, a visitar mi blog de relatos Diario de Incontinencia.

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